Viaje al Río de la Plata. Ulrico Schmidl
| Capítulo 46. De los borkenes, leichonos, kharchkonos, syeberis y peyssennos |
De allí marchamos en 4 días 24 millas (leguas) y llegamos a una nación llamada de los borkenes; estos no esperaron nuestra llegada, sino que cuando ya estábamos nosotros muy cerca de su pueblo, con tiempo emprendieron la fuga, mas no lograron escapársenos; les pedimos, pues, de comer, y nos llevaron allá gallinas, gansos, ovejas, avestruces y venados, también lo demás que habíamos menester, con lo que quedamos bien satisfechos; permanecimos 4 días enteros entre ellos y tomamos razón de la tierra.
De allí marchamos nosotros 3 días enteros, 12 millas (leguas) hasta una nación que se llama de los leichonos. Estos no tenían mayor cosa de comer, porque la langosta les había devorado el fruto. Allí no quedamos más que hasta el otro día y marchamos de allí 4 días de viaje, 20 millas (leguas) hasta una nación llamada de los kharchkonos entre ellos también había habido langosta, mas no había hecho tanto daño como en otros lugares; [así] permanecimos nosotros sólo un día entre ellos y tomamos razón de la tierra, y nos dijeron ellos, que en 30 millas (leguas) no hallaríamos una gota de agua hasta dar con una nación llamada de lossieberis.
Así tomamos nosotros 2 indios, que nos mostrasen el camino y llegamos en 6 días a los syeberís. Pero muchos de los nuestros murieron de sed, y eso que llevábamos agua con nosotros sacada de los dichos karckonos para el viaje. También encontramos nosotros en este viaje, y en algunos lugares, una planta que sale de la tierra, tiene hojas gruesas y anchas, llámase kardes; y eso que cuando le llueve a la planta o a sus hojas, se conserva el agua en ellas y no puede salir, y ni consumirse, tal y como si estuviese en una tinaja, y cabe casi una media medida de agua adentro en estas plantas. Así llegamos nosotros a las 2 de la mañana a los dichos syeberís, que se preparaban a huir de allí con mujeres e hijos; mas nuestro capitán les hizo anunciar por boca de un intérprete que se dejasen estar en sus casas en paz y toda seguridad, y que no había por qué nos recelasen. Estos syeberís también sufrían gran escasez de agua, y ni tenían otra cosa alguna que beber; hacía 3 meses que no les llovía, por eso se hacían una bebida de una raíz llamada manndopoere (mandioca), a saber, se toma la dicha planta, la machucan en un mortero; este jugo se parece a una leche. Pero si hay agua, entonces se puede hacer también vino con ella. En este pueblo solo había un manantial único, y había que ponerle guardia, para que se mirase por el agua y se diese cuenta y razón de ella; [también tuvo a bien el capitán encargarme del agua en ese tiempo] para que hasta el agua se arreglase y distribuyese según la medida impuesta por el capitán en aquel momento y para este fin. Porque grande era la escasez de agua, al grado que nadie averiguaba ni de oro, ni de plata, de comer ni de otra cosa alguna, sino sólo de agua. Así me gané en esta vez entre nobles y plebeyos, [y] de todos en general, la buena voluntad y favor, porque no les mezquinaba en esa ocasión; al propio tiempo tuve buen cuidado, que a mí tampoco me faltase agua. En todo el ancho y largo de esta tierra no se encuentra más agua que la que proporcionan las represas. Más, los syeberís hacen la guerra a otros indios por interés del agua.
Con esta nación nos quedamos 4 días, porque nosotros no sabíamos lo que deberíamos hacer, si teníamos que marchar para atrás o para adelante; entonces tiramos a la suerte sobre los dos caminos, por saber si habíamos de marchar para atrás o para adelante; y fue que tocó la suerte de marchar adelante. A esto nuestro capitán pidió a los syeberís informe de la tierra y razón de toda ella; entonces contestaron ellos, que teníamos que marchar 6 días hasta llegar a una nación llamada peysennes y que en el camino encontraríamos que beber de 2 arroyuelos y de los antedichos kardes.
Así pues nos preparamos para la marcha y nos llevamos algunos syeberís para que nos mostrasen el camino. Mas cuando hubimos llegado a los 3 días de camino del pueblo de ellos, huyeron los dichos syeberís esa noche de allí, así que no los vimos más; de suerte que nosotros mismos tuvimos que dar con el camino y llegamos después de todo a los peyssennos, que se prepararon a la defensa y no quisieron ser nuestros amigos, pero poco fue lo que nos sacaron, antes bien, con el favor de Dios los vencimos y les conquistamos el pueblo y ellos se dieron a la fuga; no obstante nosotros hicimos algunos prisioneros en esta escaramuza, que nos contaron como habían tenido en su pueblo a 3 españoles, de los que uno, con el nombre de Jehronimus (Gerónimo), había sido trompa de thonn (don) Piettro Manthossa, los cuales 3 españoles había dejado Jann Eyollas(Ayolas) enfermos entre los peyssennes, en el tiempo que Jann Eyollas (Ayolas) marchó de regreso de esta nación; a estos 3 españoles los habían asesinado los peysennos 4 días antes de nuestra llegada, es decir, después que se anoticiaron de nuestro arribo por los syeberís; por lo que más tarde recibieron buen escarmiento a manos nuestras. Así nos acampamos 14 días enteros en el pueblo de ellos, y los buscamos y hallamos todos juntos cerca de un bosque, pero no a todos; a aquellos los matamos y tomamos prisioneros; ellos nos avisaron de todas las ventajas de la tierra, sobre la que nuestro capitán sacó muchas cosas de la relación de ellos, y nos dieron una buena noticia, a saber, que nos faltaban 4 días de camino o 1[6] millas (leguas) de camino para llegar a una nación llamada maigenos.
Fuente:
http://www.cervantesvirtual.com